TAMAÑO DEL UNIVERSO (II)

El mismo día de su muerte, el 24 de mayo de 1543, Copérnico recibió una copia de su libro “de Revolutionibus”, que acababa de ser editado, en el que se hacía una descripción de las teorías acerca del movimiento de los planetas. vigente hasta entonces, de sus dificultades y errores, y llegaba a la conclusión de que se podía explicar mejor el movimiento de los cuerpos celestes sentando las hipótesis de que el centro de la Tierra no es el centro del mundo, y de que las órbitas que describen los planetas, incluida la Tierra, rodean al Sol, como si éste fuese el centro todas.
Estas ideas obedecían a un principio que aparece de nuevo en la física de los tiempos modernos y que con frecuencia se encuentra en la base de las teorías acerca de la ampliación del mundo, y es la que entre las posibles descripciones de un sistema, la más sencilla es probablemente la más acertada.
Copérnico renuncia a que seamos el “centro del mundos”, y por otra parte admite el movimiento de la Tierra. Desde un punto de vista físico todo ello era bastante lógico, pero desde el punto de vista filosófico, significó el comienzo de una nueva época. Produjo cambios conceptuales en los terrenos de la cosmología, de la física y de la religión y supuso una nueva concepción del espacio y una nueva idea de la relación del hombre con Dios. A estos profundos cambios los denominamos “revolución copernicana”.
Con todo ello, el único argumento que Copérnico pudo presentar para apoyar su teoría  del sistema heliocéntrico, era que estaba en condiciones de sustituir de un modo sencillo al complicado sistema de esferas celestes que había hasta entonces, pero no pudo demostrar la veracidad de su sistema. Fue Kepler, el que realizando trabajosos cálculos, descubrió que los movimientos orbitales de los planetas, que durante milenios habían sido un enigma, se podían explicar fácilmente si se aceptaba que se trataba de órbitas elipticas, uno de cuyos focos estaba ocupado por el Sol.
Los cálculos de Kepler describían por primera vez las órbitas reales, pero no explicó por que las órbitas son elipses, ni porque giran los planetas alrededor del Sol. En los últimos años de su vida buscó la fuerza constante que pudiera mantener el movimiento de los planetas y estaba seguro de que no hacía falta nada más. No llegó a conocer que la gravitación era esa fuerza, a pesar de que relacionó las mareas con la existencia del Sol y de la Luna. Cuando murió, el 15 de noviembre de 1630, dejó la descripción matemática del sistema de Copérnico, libre ya de hipótesis, sentando así las bases de la física del sistema solar.
Fue Newton el que demostró que las leyes de Kepler eran una consecuencia de la gravitación, demostrando que el sistema descrito por Copérnico y Kepler, no sólo coincidía con la realidad, sino que además era el único posible. Resolvió el problea que fuerza mueve a un planeta, a una distancia, alrededor del Sol y demostró que la constante de su ley de gravitación tiene un carácter universal, esto es, que la ley describe tanto la caída de un cuerpo sobre la Tierra,  como el movimiento de la Luna alrededor de la Tierra, o el de la Tierra alrededor del Sol.
A partir de la analogía de la caída libre sobre la Tierra con el movimiento de los planetas, Newton llegó a la conclusión de que la dirección de la fuerza responsable del movimiento de los mismos tenía que ser radial, y no tangencial como había supuesto Kepler. Con la formulación de la ley de la gravitación universal, quedaba resuelto el problema astrónomico de la exploración del sistema solar.
Continuaremos en próximos capitulos descubriendo el tamaño del universo

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