TAMAÑO DEL UNIVERSO (III)

El modelo de Kepler era muy preciso para determinar las posiciones relativas de los planetas y el del Sol, pero con él, lo único que podía deducirse era que un planeta dado se halla, por ejemplo, dos veces más lejos del Sol que otro, pero no podíamos saber a que distancia exacta del Sol se hallaba uno y otro planeta. Se tenía el modelo pero faltaba la escala sobre la que estaba construido. Ahora bien, en el momento en que se pudiese determinar la distancia entre la Tierra y un planeta, la escala quedaría fijada y se podrían calcular las distancias de todos los planetas.
Para calcular la distancia a un planeta se utilizó un fenómeno conocido llamado paralaje, del que podemos hacernos una idea colocando un dedo delante de los ojos, contra un fondo que no sea uniforme, si miramos alternativamente con un ojo y otro se observa que la posición del dedo contra el fondo varía. Si acercamos más el dedo a la cara, las dos posiciones aparentes del dedo sobre el fondo, tendrán una mayo separación. Este mismo fenómeno puede aplicarse por ejemplo a observaciones de la Luna sobre un fondo estrellado, desde observatorios separados entre sí centenares de kilómetros, pudiendo calcularse la distancia a la Luna aplicando la trigonometría.

 

Sin embargo el desplazamiento aparente de un planeta contra el fondo estrellado era muy pequeño para ser apreciado a simple vista y ser susceptible de mediciones precisas, pero en 1608 con el invento del telescopio debido a Galileo, se pudo aumentar los pequeños desplazamientos propios del paralaje, de manera que distancias angulares imposibles de detectar anteriormente, podían ser ahora fácilmente medibles.
Se propuso como primer objetivo la medida de la distancia entre Marte y la Tierra y en 1671 se realizó el experimento. Uno de los observadores fue Jean Ricker, astrónomo francés que se situó en Cayenne (Guayana francesa), y el otro fue el astrónomo italiano Cassini, que se situó en París. Ambos observaron el planeta Marte y anotaron su posición respecto a las estrellas del fondo más próximas, basándose en la diferencia de las posiciones observadas y en la distancia conocida entre Cayenne y París, calcularon la distancia a Marte en el momento del experimento. Una vez efectuada esta medida, se dispuso ya de la escala del modelo de Kepler, y se pudo calcular todas las distancias del sistemar Solar. Cassini calculó que la distancia entre el Sol y la Tierra era de 140.000.000 Jm., unos nueve millones de menos de Km. que la cifra real, pero no obstante un buen resultado para una primera medición.
Durante los dos siglos que siguieron, se realizaron medidas más precisas, y más recientemente, en 1961, utilizando una nueva técnica que consiste en lanzar al espacio ondas de radio muy cortas (microondas), que rebotan en los planetas y vuelven a ser captadas y detectadas en la Tierra, cuya velocidad es de 300.000 Km/s., y midiendo el tiempo transcurrido entre la emisión y la recepción, se ha podido medir con mayor precisión la distancia al planeta Venus, lo cual ha permitido calcular con mayor exactitud la distancia media entre la Tierra y el Sol, que se estima en 146.570.000 Km.
En los tiempos de Cassini se pudo saber el diámetro del sistema solar, desde un extremo a otro de la órbita de Saturno, el planeta conocido más alejado del Sol, medía 3.000 millones de Km. Así pues, desde los tiempos del griego Hiparco, se había pasado de una magnitud de unos cuantos millones de kilómetros,  a unos miles de millones de kilómetros.
Pero en 1781, el diámetro de las órbitas planetarias aumentó al doble, cuando el astrónomo alemán William Herschel descubrió el planeta Urano. Dicho diámetro volvió a doblarse más tarde en dos etapas: en 1846 cuando el astrónomo francés Leverrier descubrió el planeta Neptuno y en 1930 cuando el astrónomo americano Tambough descubrió a Plutón.
Teniendo en cuenta la órbita más externa de Plutón, el diámetro del sistema solar pasó a ser de 12.000 millones de kilómetros. Un rayo de luz tardaría medio día en atravesar todo el sistema solar.
Sin embargo el planeta Plutón, no constituye la frontera de los dominios del Sol. Desde la antigüedad ya se conocían cientos de cuerpos fácilmente visibles, que giraban en torno al Sol, cuyas distancia al mismo excedía a la de Plutón, eran los cometas.
En principio se pensó que estos cuerpos surgían a intervalos irregulares y siguiendo trajectorias que no se sujetaban a ninguna ley natural. La gente estaba convencida de que su único fin era el de predecir algún desastre.
Dentro de ellos, el famoso cometa Halley, es uno de los más próximos al Sol son tan alargadas, que sólo aparecen en el cielo a intervalos de muchos sigros, e incluso miles de años (como el Hale-Bopp). Estos cometas llegan a lejarse del Sol, no ya miles de millones de Kilómetros, sino cientos de miles de millones de kilómetros, e incluso es posible que algunos tengan órbitas que se hallen a distancias tan inmensas del Sol, que jamás se hagan visibles.
De todo estos cálculos se deduce, que el sistema solar muy bien pudiera tener un diámetro del orden de un billón de kilómetros o más. Un rayo de luz tardaría cuarenta días en recorrer esta distancia.
Si el Universo no consistiera más que en el sistema solar, el problema de su tamaño ya habría quedado resulto, pero el sistema solar no es todo el Universo, quedan las estrellas, que como estamos viendo ha ido retrocediendo implacablemente desde los tiempos de Grecia.
Todo ello lo seguiremos estudiando en próximos capitulos.

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