Asteroides y meteoritos: pequeños planetas

Al referirnos a la estructura del Sistema Solar, aludimos a la llamada ley de Bode, que establece la existencia de cierta proporción entre las distancias de cada planeta respecto del Sol. Efectivamente, un planeta dista del Sol casi el doble que el anterior. De acuerdo con este esquema, los astrónomos encontraron un hueco entre Marte y Júpiter. Para que la ley se cumpliera, tenía que existir un planeta a casi el doble de distancia del Sol que Marte, y este planeta no era visible.

Se habló de un astro oscuro, pero la explicación más probable era la de que el planeta en cuestión tenía un tamaño muy pequeño para verse fácilmente. Y así resultó cuando, en la madrugada del 1 de enero de 1801, el italiano Piazzi descubrió el objeto tantas veces buscado: era un planeta miniatura, de solo unos 696 kilómetros de diámetro. Se le dio el nombre de Ceres, y todo pareció quedar resulto. Pero casi al año justo, Olbers, un astrónomo alemán que había colaborado en la búsqueda del planeta desconocido, descubrió un segundo cuerpo, a casi la misma distancia que Ceres. En los años siguientes se encontraron otros varios, y lo descubrimientos han continuado hasta hoy. En el hueco donde se temía que no hubiese ninguno hoy se conocen casi 400.000.
Ya no se habla de planetas, sino de asteroides y , algunos que tiene el suficiente tamaño para tener forma esférica, la Unión Astronómica Internacional les ha llamado planetas enanos. Los mayores Ceres, Pallas, Vesta, Juno, Hebe etc. tienen varios cientos de kilómetros de diámetro, y pueden verse a través de prismáticos; otros son simple rocas del tamaño de montañas, y se supone que existen millones de guijarros celestes.
asteroides
¿Como se explica que, en el lugar en que debería haber un planeta, exista este enjambre de pequeños astros?. Durante un tiempo se habló de la posibilidad de una gigantesca explosión de tipo eruptivo que podría haber descuartizado el planeta primitivo. Hoy se estima más bien que el planeta, en vez de morir, no llegó a nacer, es decir que los asteroides son como el aborto de un planeta, tal vez por la perturbación gravitatoria de Júpiter.
Pero si bien es verdad que la mayoría de estos cuerpos se encuentran entre Marte y Júpiter, no es menos cierto que hay asteroides repartidos por todo el Sistema Solar. Como el lejano planeta enano Plutón y otros, como Eros y Amor, que se encuentran en una órbita muy cercana a la Tierra, y que de vez en cuando se convierten en vecinos de nuestro planeta. Afortunadamente la tierra se encuentra defendida por su atmósfera, que es lo suficientemente densa como para frenar los meteoritos y volatilizarlos. Algunos, sin embargo, llegan a chocar con el suelo y abre enormes cráteres, como lo es el Cañón del Diablo en Arizona. Por lo general, estos bólidos o aerolitos son de dimensiones mucho más modestas; y las llamadas estrellas fugaces, que nada tiene que ver con estrellas, son masas de pocos gramos que se incendian y se destruyen al penetrar en la atmósfera a gran velocidad. Varios miles de ellos chocan con la Tierra cada día sin ningún peligro real.

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